Sunday, October 15, 2017

Entre kastila y filipina (1889)

La polémica campaña a favor de la independencia de Cataluña recientemente ha estado en las noticias en todo el mundo. No me preguntes cuál de las dos cosas es mejor — España unida o Cataluña independiente. No soy español. Y realmente no conozco la tema sobre la independencia de Cataluña. Lo único que sí te puedo decir es que la violencia no es la respuesta. Generalmente muchos filipinos simpatizan con los ciudadanos pacíficos que fueron pateados, arrastrados, y golpeados por la Guardia Civil. Al mismo tiempo, es irónico que los filipinos muestran poca indignación por las víctimas de la brutalidad policial en la guerra contra las drogas aquí. Tú sabes de lo que estoy hablando.



Barcelona, la capital de Cataluña, se asocia por los filipinos al “Movimiento Propaganda”. En los años de 1880, Barcelona debido a su papel fundamental en la comunicación marítima con Filipinas a través del Canal de Suez albergó una colonia filipina numerosa. Los principales propagandistas en España por las reformas en las filipinas vivían allí: Graciano López Jaena, Marcelo H. Del Pilar, Mariano Ponce, Galiciano Apacible y José Rizal entre otros. Sus objetivos políticos eran la la representación parlamentaria en Cortes, la implementación de reformas profundas y la atenuación del poder de las órdenes religiosas. El gobierno colonial les llamaba “filibusteros” — esta palabra desusada esta muy viva en Filipinas con significados que giran en torno al concepto de “ rebelde” o “subversivo”.


Graciano López Jaena fundador y redactor del periódico La Solidaridad, publicación reformista de los filipinos en España, fue un encendido orador y ganó el apodote “Crisóstomo filipino” por sus discursos. Exiliado en España, indigente y solitario, murió de tuberculosis en Barcelona en 1896. Él ha yacido en una tumba sin identificar durante más de 100 años. Su estatua de bronce honra su memoria en la Plaza Mayor de Jaro, su ciudad natal.  


Su cuento “Entre kastila y filipina” es una subyacente alegoría del difícil maridaje entre España y su remota colonia, Filipinas.



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    Conozco en Visayas a cierto matrimonio, kastila él y filipina ella. Conste que no aludo a nadie. Pepay se llama ella, y Ricardo él. Castellano viejo él, mestiza ella, es decir, hija habida en ayuntamiento con varón kastila y mujer india, ésta tantas veces abochornada cuantas satirizada por las plumas de los Quiaquiap y otros escritores por el mismo patrón.
   
    Pepay es, por más señas, hija de fraile. Esta casta de contrabando superabunda en Filipinas. Y suelen ser siempre favorecidas por la naturaleza: resultan bellas. Piel de alabastro, la del padre; ojos soñadores que fascinan cual los de la madre; gracioso andar que cimbrea, cual junco de las Indias por el viento mecido, “caballera que cae en rizos/ y es manto real”, según un cantar muy vulgar en aquellas islas. Genio altanero y presuntuoso, herencia del padre; hablar meloso, dulce y pacato, herencia de la madre. Tiene pues, Pepay, todos esos encantos que embelesan y enamoran. Por eso Ricardo se enamoró perdidamente de ella, sin mirar su origen, sin preguntar ni de dónde desciende ni quiénes eran sus padres.

    Ella aportaba al matrimonio una pingüe fortuna. El buen fraile se cuidó de dotarla mucho. Se casaron; el mismo padre de Pepay bendijo la unión, el sacramento de ambos. Pepay y Ricardo eran presentados en el pueblo como matrimonio modelo: su hogar era la mansión, el santuario de la dicha y la paz.       
     
    Mientras vivían en Filipinas, morando suntuosa casa de tabla y zinc, espaciosa como un palcacio, se deslizaban felices en aquel ameno pueblo ribereño sus existencias fundidas en una, entre funcias y bailujan. La casa se Ricardo y Pepay era el punto de reunión de dalagas y bagontaos.

    Así las cosas, he aquí que un día, cuando ni por sueños se imaginaba, vino el correo de España y con el correo la notica de la última crisis ministerial, con el correspondiente movimiento de personal y el cese de Ricardo en sus funciones de interventor en la administración de la provincia.

   Al pronto, la noticia no produjo impresión ninguna en los ánimos de ambos esposos; ellos eran ricos y no tenían por qué temer arrostra la miseria. Mas poco a poco, la idea de la vuelta a España tomó cuerpo en la pensamiento de Ricardo. Consultó a su tierna esposa, y ella sin premeditar los futuros acontecimientos que amargarían su vida, consintió gustosa en acompañarle, anhelosa de ver España y contemplar las maravillas que encierra Europa.

    Vendieron cuanto tenían, porque decidieron no torna más al archipiélago. La venta de todo produjo la suma de cuarenta y cinco mil pesos. Para quedarse en Filipinas y manejada en ellas, era una enorme suma con cuya renta podría pasar holgadamenta una familia acomodada, pero para España era una bicoca. Ambos, a la vista del capital, soñaron y echaron cuentas galanas; Ricardo se prometió quintuplicar en Bolsa aquella suma.

   Así pues, la cesantía de su marido trajo a Pepay a España.

   Ya en España y Madrid, vio la renombrada Puerta del Sol, la célebre calle de Alcalá, la Carrera de San Jerónimo, todo la cual causó imptrdión fría en el ánimo de Pepay. Había imaginado en su fantasía, en semejantes plaza y calles, ver bellezas nunca vistas por influencia de las noticias que, viviendo en Filipinas, a sus oídos llegaban ponderando Madrid sobre todas las capitales de Europa. A su ilusión vino el desencanto, la realidad desnuda, sin los atavíos de la exageración.

     Los primeros días se pasaron sin sentirlo Pepay y Ricardo, viendo todo lo o bello y lo bueno que encierra la Corte; recorriendo museos; contemplando el Escorial, octava maravilla del mundo; yendo a pasear por los alrededores de Madrid como Aranjuez y otros sitios reales, y de noche de teatro en teatro, cayendo a última hora a cenar en Fornos o refrescarse en Viena.

    Como era verano, siguieron la moda de los chic de la corte; marcharon a San Sebastián y a Biarritz, pasando después por Paris, Bruselas y Ginebra. Pasada la canícula es cuando echaron de ver que, de los cuarenta y cinco mil pesos mondos y lirondos que trajeron, volaverunt quince mil entre boato y francachelas. Se procuró colocar la suma restante en el Banco de España. Se convinieron en vivir un modesto piso principal de la calle Torrecilla de Leal.

     Nuevo desencanto. La tristeza se apoderó del alma de Pepay al ver aquellas reducidas habitaciones de su nueva morada, ella que estaba acostumbrada a su espaciosa casa de Filipinas. Meses después, cuando el invierno entraba en su plentitud, el carácter de Pepay, de suyo jovial y expansivo, volvióse taciturno, melancólico. Echaba de menos las comodidades y las fiestas que en suplís gozaba. Pero eso no era todo; centuplicaba sus angustias y melancolía la súbita transformación que acababa de operarse en Ricardo. Notó en él un desvío que llegaba al alma. Ya faltaron aquellos mimos, aquel espiritual cariño, aquellos amores cuidados, las delicadas muestras de afecto que antes tanto le prodigara. Advirtió que su esposo era otro y las sospechas y los celos torturaron su alma. Ricardo no aparecía en casa hasta deshoras de la noche. Y en habiendo almorzado, de día se eclipsaba so pretexto de negocios y ocupaciones de alta banca para mejorar la fortuna de ambos.

    Y es que Ricardo, recordando sus antiguas costumbres, sus pasadas calaveradas cuando era escribiente temporero en un departamento del Estado, volvióse a aquella vida agitada que hacía, frecuentando tabernas y garitos. Reuniose con sus antiguos camaradas. La cabra tira siempre al monte.


Graciano López Jaena
1889 

Sunday, June 25, 2017

Español de Filipinas - Artículo

Manuel de los Reyes, escribió artículos en periódicos principalmente sobre el buen uso del idioma español en Filipinas durante la década del 30. Observó que una de las características del español hablado en Filipinas es la ausencia del artículo.

Artículo

Una moda que se va extendiendo es la de decir: “Voy a Estados Unidos”, “estuve en Japón”, en vez de decir como se había dichos siempre hasta hace poco, “voy a los Estados”, “estuve en el Japón”. Podrá alegarse que es un capricho del idioma el emplear el artículo definido delante de ciertos nombres de naciones, tales como el Perú, el Brasil, la Habana, el Japón, los Estados Unidos, al paso que se omite en otros, sin ninguna razón intrínseca para ello. Quizás sea verdad, pero debemos respetar los usos establecidos, y no hemos de ser nosotros, los filipinos, los que hemos de pretender corregir los defectos que creamos encontrar en el idioma castellano. ¿Quién sabe si, con el tiempo, se eliminarán esos artículos? Pero, entretanto, no podemos adelantarnos a los acontecimientos, puesto que nadie nos ha dado facultades para reformar ni corregir dicho idioma, y si, en cambio debemos imponernos el deber de respetarlo y conservarlo en toda su pureza.

Según el catedrático de Historia de Lengua Española Antonio Quilis, es habitual la ausencia del artículo en el español de Filipinas. Por ejemplo:

El dueño de casa  – “de la casa”
Han terminado educación – “la educación” (‘los estudios’)
Misa de gallos – “del gallos”
Son ricos la gente que está en poder – “en el poder”

Horarios de Misas de Gallo. 


Por el contrario, con relativa frecuencia, aparece el artículo con nombre propio de persona:

El Juan está fuera
El San José y la Santa María piden alojamiento en Nochebuena.

Este fenómeno puede ser debido a la permanencia del vulgarismo español o al influjo de las lenguas autóctonas, que anteponen el artículo tagalo “si” al nombre propio cuando funciona como sujeto o como complemento.

Asimismo, por anglicismo, se suele emplear el artículo un/-a con nombres de profesiones:

Mi hermano era un doctor
Mi tía era una maestra de niños

También se debe a la influencia del inglés el uso de el o la ante de asignaturas o disciplinas académicas:

Estudié la escultura
Terminé la música
Quería estudiar la química. 

Monday, February 20, 2017

Palabras Y Frases Mal Empleadas en Filipinas (1937) - Segunda Parte

    ¿Por qué será que la tristeza siempre llega y te agarra cuando te acuestas y antes te dormirte? Qué bien recuerdo aquel día en San Francisco, cuando mi otra abuela “Lola Jan”, poco antes de morir, intentaba enseñarnos varias frases en español.

    A mi abuela le molestaba que a sus hijos les gustaran más hablar en inglés que la lengua española, pero de mala gana lo tuvo que aceptar. Su padre era de España y trabajaba como un farmacéutico en Botica Boie, que esta situada en la calle Escolta, Manila.

— ¿Por qué mi tito no habla español?, pregunté yo.
— ¿Estás bromeando? Con su español gringo nadie le va a entender lo que dice, exclamó Lola.
— ¿Por quién me tomas, por un americano?, respondió mi tío con acento estadounidense.
— Claro que si.  Porque así son los gringos, hablan solo inglés ….. , contestó Lola.
    
    Mi tío se escogió ligeramente de hombros y suspiró: —También hablo kampampangan. Y aquí mi abuela empezó a reír, porque no sabía qué más decir.

    En verdad, mi tío casi ni podía hablar el castellano. Él sólo sabía lo suficiente como entender “los conceptos básicos”. Como consecuencia de la imposición de la educación norteamericana en las Filipinas después de la Guerra Hispano-Americano, el idioma español no podía ganarle la batalla al futuro. No había cómo ganar.


    La lengua española hablado en las Filipinas parece condenado a desaparecer. Estos son algunos ejemplos del castellano de los filhispanos extraídos directamente del libro “Prontuario de Palabras Y Frases Mal Empleadas en Filipinas (1937)” del escritor Manuel de los Reyes.


    Aquí está el enlace de mi entrada anterior sobre el libro: la primera parte

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 Compoblano  Somos los primeros en reconocer que esta palabra llena un vacío que se nota en castellano, pues la palabra “paisano”, que es la que por ahora se debe emplear, mientras la Academia no diga lo contrario, no expresa con claridad si se trata de personas del mismo país, o de la misma provincia, o del mismo pueblo. Pero, como nadie nos ha dado facultades para reformar o mejorar la lengua, sólo tenemos que admitirla tal como está, y nuestro deber es conservarla sin corrupción, e impedir que se introduzcan en ella palabras que no lleven la sanción oficial.

    En el diccionario último de la Academia (del año 1936) se admite la palabra “comprovinciano”, para designar al que es de la misma provincia que otro: quizás algún día admita también la Academia la palabra “compoblano”, pero entretanto, tengamos paciencia y no adelantemos los acontecimientos.

Extracto del libro “El Filibusterismo (1891)” escrito por José Rizal. 


Limpiapiés — Otra palabra que no existe en castellano y que no expresa la idea que se quiere expresar. Con esa palabra se pretende designar ese “chisme” que se pone al pie de las escaleras o a la entrada de las puertas, para que los que vienen de fuera se limpien las suelas del calzado antes de subir a las casas o de entrar en ellas. Pero eso no se llama, ni se debe llamar “limpiapiés”, porque lo que se limpia ordinariamente no es los pies, sino las suelas del calzado. Los que van descalzos, naturalmente se limpian en ellos los pies, pero sólo en este caso sería apropiado tal nombre;  los que van calzados , si tienen los pies sucios (como por desgracia ocurre con no poca frecuencia), se quedan con los pies tan sucios como los tenían antes de haber hecho uso de tales utensilios.



Muchacho — Esta palabra no es, como mucho creen, exclusivamente sinónima de “criado”. Es verdad que tiene también esa acepción, pero significa asimismo un joven o una persona que se halla en la mocedad, y, en este sentido, hasta el rey y el príncipe han sido muchachos. Así es que no hay motivo para ofenderse cuando a un joven se le llama “muchacho”.


De la carta de Caroline Saxe Shunk 
(An Army Woman in the Philippines 1916)


Siesta — Muchos dicen “tomar la siesta” queriendo decir “comer” (al mediodía). Esta comida tiene su nombre propio en castellano; se llama sencillamente “la comida”, y su correspondiente verbo es “comer”; pues aunque es verdad que todas las refecciones que se toman son comidas, las otras tienen su nombre peculiar: “desayuno”, la de la mañana; “merienda”, la que se toma entre cuatro y seis de la tarde; “cena”, lo que se toma por la noche. No se debe, pues decir: “¿Quiere Ud. Tomar la siesta con nosotros?” sino “¿Quiere Ud. Quedarse a comer con nosotros?”.
      La siesta no es otra cosa que el tiempo que hay después de comer, o el sueno que se toma a esa hora. Así es que tampoco debe decirse “comió con nosotros a la siesta”, sino también “comió con nosotros al medio día:, porque, aunque no hayamos comido exactamente a las doce del día, ya se sabe que nos referimos a la comida que se toma a esa hora, poco más o menos. “Pasó la siesta con nosotros” no significa, pues, otra cosa que “pasó con nosotros el tiempo que sigue a la comida del mediodía”.
     También se puede decir “dormir la siesta”, ya que “siesta” como hemos dicho, significa asimismo el sueño o descanso que se toma  a esa hora.




Sorbeteria — Esta es otra palabra inventada aquí para designar el aparato en que se hacen los sorbetes; pero el verdadero nombre que eso tiene en castellano es “garapiñera” porque allí se “garapiñan” o se ponen en estado de garapiña los líquidos. “Garapiña” es el estado del liquido que se congela formando grumos.

Manuel de los Reyes
1937

Saturday, December 24, 2016

La Limosna (1939)

La lavandera Remy viene todos los miércoles para ayudarnos a lavar la ropa. 
Sus hijos son demasiado y demasiados. Ellos residen fuera de nuestro “subdivisión”. Iskwater, es la única palabra filipina para describir la gente andrajosa y pobre. Casi todas las casas están hechas a lo loco y destartaladas. Partes de madera, partes de metal para tejados, y algunas partes de bloques huecos. A pesar de la espantosa situación, las cosas podrían ir de mal en peor. Hoy, con la guerra contra las drogas del presidente, la gente que vive en la “iskwater area” tiene miedo de salir por las noches. Fuentes oficiales hablan de más 6000 muertes documentadas. “Filipinas - No es país para los pobres”, publicó recientemente un periódico inglés en sus titulares.

— No es desgracia ser pobre, dijo la lavandera y suspiró, — pero va haber que apretarnos el cinturón esta navidad

— ¡Cómo festejan las pascuas los hijos de los afortunados! ¡Maligayang Pasko!, exclamó ella, mientras miraba los faroles y luces navideñas. Ella ríe esa risa que siempre ríe cuando el mundo le parece divertido.

                                                      — o —O —o —


El cuento que sigue nos narra de un pobre joven que está loco por una señorita rica. No hay información sobre el autor.

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La fiesta de Navidad para los niños del Hospital Saint Paul
(23 de diciembre de 1932, Intramuros, Manila)


     Aquel día — el de Nochebuena era — los devotos pasaban aprisa. Caía una lluvia tenaz; las gárgolas de la iglesia vomitaban el agua en gruesos chorros. Mis pobres pies estaban ateridos en los charcos. Habían venido al pórtico muchos mendigos. La caridad tiene sus ambientes propicios. En días como aquél, es más fácil hallar un corazón generoso junto a la puerta de una iglesia que cerca de los brillantes escaparates. En presencia de la imagen de Cristo, los fieles se creen mirados por Él se inclinan a ejercer sus prácticas. Los mendigos deben buscar esos ambientes. En tal día zumbaban sus voces pedigüeñas acosando a los que entraban y salían del templo. ¡Tanto éramos…! Los pobres que teníamos sitio habitual en el atrio protestábamos contra aquella intrusión. Mi abuela gruñía:
    — ¡Ladrones…! Vienen a quitarle a uno su pan…
    Era muy tarde ya. E las profundidades de la iglesia salían algunas mujerucas rezagadas. Llegaban sin ruido hasta la puerta y marchaban silenciosas también, moviendo los labios como si acabasen el rezo. Pasaban sin mirarnos. Mi abuelo había callado, sombrió. Se acercaba la noche. Habíanse oído voces infantiles que cantaban los villancicos en el templo. Yo hubiera querido ir, de buen grado. “Antes de marcharnos — me decía — iré a ver los tres Magos y a la vaca que tiene los cuernos de oro…”
    Entre las sombras del pórtico, surgieron dos personas. Avanzaron. Quedé inmóvil como uno de los santos de las hornacinas. “Ella” se acercaba a nosotros, al lado de la institutriz, grave y seria. Al sentir las pisadas, el clamoreo de los mendigos se volvió a alzar. Detuviéronse ellas. Mi pequeña amada dio varios pasos hacia nosotros; buscó en su monedero… Lucía la blanca piel de su manguito en la oscuridad creciente… Acercóse más. Me ofreció una moneda; yo vi  brillas una moneda de plata en sus manos.
    Y yo, retrocedí un poco, enrojecido, oculte las manos a la espalda, con un dolor sutil en el ánimo, con un desmayo de todos mis amores ingenuos. Me miró. Balbucí, entonces:
    — Gracias…; no pedimos limosna…; nosotros; no…
    Y aquella noche no hubo pan en nuestra casa.


Wenceslao F. Flores
Sabatina de la Vanguardia
3 de Junio de 1939
Manila

Monday, June 27, 2016

Los Vascos en Filipinas

¡Zuzuarregui!:  Así le decíamos.  La calle estaba ubicada en la ciudad de Quezon. Es una calle estrecha, mugrienta, repletas de casas viejas y gente pobre.  Pero para evitar el tráfico monstruo, me gustaba pasar por ahí en el camino a la casa de mis padres en Ayala  Heights. "¿Su-su-wa-ray-gi?El chofer pronunció incómodo el nombre raro como si las sílabas estuvieran hecha de vidrios rotos y lastimaran sus labios.  Nos reímos y reímos como los tontos éramos.

Poco sabían mis amigos que el nombre Zuzuarregui era vasco. El apellido Ayala era también vasco. En la escuela, nunca nos dijeron ni una sola palabra acerca del idioma vasco. Ni siquiera una sola lección acerca del país vasco, quizá bajo la premisa equivocada de que todos los españoles son “kastilas”.

Años mas tarde me encontré una señora, descendiente de una familia española filipina, pero hoy es residente en California. Su familia vivía aquí, pero después de la guerra mundial su padre decidió emigrar a los Estados Unidos. La señora era mujer muy orgullosa, que sabía mucho de historia y cuáles eran “las familias buenas”. Pero de lo que más se enorgullecía era de sus raíces vascas.   El mes pasado,  ella me regaló un libro muy interesante “Basques in the Philippines” de Marciano R. de Borja.


Le estoy muy agradecido a la Señora por el maravilloso libro
"Basques in the Philippines" que me mandó.


La presencia vasca en las Filipinas era una constante desde las primeras expediciones conquistadoras a las islas. En 1519 Juan Sebastían Elcano de Getaria, Gipuzcoa se unió a la tripulación de la expedición de Fernando de Magallanes. Ellos fueron los primeros europeos que llegaron a las Filipinas en 1521. Los sobrevivientes de la expedición, incluyendo cuatro vascos (Elcano, Juan de Acurio, Juan de Arraita y Juan de Zubileta) hicieron la primera vuelta al mundo.



Monumento a Legazpi
y a Urdaneta en Manila

Miguel López de Legazpi, conquistador de las islas filipinas y fundador de Manila, nació en 1503 en el pueblo de Zumárraga. En 1569 Felipe II nombró a Legazpi el primer gobernador y capitán general. 

El guipuzcoano padre Andrés de Urdaneta (1498 -1568) participó en la expedición de Legazpi como asesor, y en 1565 ordenó la construcción de la Basilica del Santo Niño en Cebu. Descubrió la  ruta de regreso de Manila a Acapulco a través del océano Pacífico, conocida como el tornaviaje. La Ruta de Urdaneta ofrecía una conexión económica y cultural con la Nueva España y iniciando la  gloria del Galeón de Manila.

Varios gobernadores posteriores eran vascos como Guido de Lavezaris (1499-1581), Luis Lardizábal y Montoya (1783-1841), Simon de Anda (1709 -1776), José Basco y Vargas (1733-1785), Narcíso Clavería (1795 -1851), Antonio de Urbiztondo (1794 -1866).

— En 1574 las tropas de Lavezaris derrotaron a los chinos bajo mando del pirata chino Limahon, que intentó invadir Manila. Desafortunadamente,  el comandante vasco Martin de Goiti, quien derroto a los moros del Rajah Sulaiman en Manila, fue asesinado por los piratas.


Monumento a Simón de Anda
 en Manila
— Anda organizó la resistencia contra las tropas invasoras británicas durante la ocupación de Manila (1762 – 1764).

— Basco, nacido en Malaga de padres vascos, organizó en 1781 la Sociedad Económica de  los Amigos del País para el fomento de las actividades en  la colonia, siguiendo el modelo de la asociación vasca Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Fue el responsable de la puesta en marcha del monopolio del tabaco. En 1782, conquistó el archipiélago de las Islas Batanes. Hasta hoy en día,  la capital  de la provincia de Batanes lleva su nombre en su honor.

— En 1839 Lardizábal estableció la provincia de Nueva Vizcaya , nombre que le puso en recuerdo de su tierra.

— Clavería, nació en Girona pero creció en Bizkaia, publico un decreto en 1849 que la  población filipino adoptas apellidos españoles. Conquistó parte de la costa occidental de Mindanao y  anexó el extenso territorio de Davao conquistado por el otro vasco José Oyanguren. Después de ser oficialmente asimilado como provincia pasó a denominarse Nueva Guipúzcoa (luego el nombre fue cambiado a Davao).

— Urbiztondo era conocido por la conquista e incorporación definitiva a la soberanía española del archipiélago de Joló. En 1851 fundo el primer banco en el archipiélago “Banco Español Filipino de Isabel II”, ahora conocido como “Bank of the Philippine Islands”.




El primer obispo de Manila, Domingo de Salazar (1512-1594) era un vasco.


Domingo de Salazar

Marcelo Azcárraga Palmero (1932-1915) fue el único presidente español que nació en Manila. Su madre era una mestiza filipina de Albay y su padre era natural de Bizkaia (Vizcaya).


Marcelo Azcárraga


El heroe nacional José Rizal rindió homenaje a la presencia ubicua de los vascos en las islas en sus libros “Noli Me Tangere” y “El Filibusterismo.” El protagonista de los libros, Crisóstomo Ibarra (Simoun) es la cuarta generación de vascofilipino. Como se ha dicho al final del Capítulo 54, su bisabuelo era un vasco.

            — ¿Conoció vuestra familia a D. Pedro Eibarramendía?
            — ¡Ya lo creo! –contestó Ibarra abriendo un cajón y sacando un montón de papel - ¡Era mi bisabuelo!
            — ¿Vuestro bisabuelo, D. Pedro Eibarramendía? – vuelve a preguntar Elías, lívido y las facciones alteradas.
            — Sí – contesta Ibarra distraído, acortamos el apellido que era largo.
            — ¿Era vascongado? – repitió Elías acercándosele.
            — Vascongado, pero ¿qué tenéis? – pregunta sorprendido.



Desde el siglo XVIII, la emigración vasca ha contribuido enormemente al crecimiento económico en la lejana colonia española de Filipinas. Familias vascas como los Ynchausti, Aboitiz, Ayala, Elizalde, se instalaron en el país, fundando las principales compañias filipinas. Siguen siendo las familias más ricas de Filipinas hoy en día.


Puente Colgante

Antes de la segunda guerra mundial, la familia Ynchausti era la familia vasca más importante del país. El comercio y la navegación han sido sus principales industrias y la campañía tenía ramas  en Hong Kong, Shanghai, San Francisco y New York. En 1848 José Joaquín Ynchausti financió la construcción del primer puente colgante de acero en Asia.  El puente  de peaje sobre el río Pasig conectó Ermita con Quiapo.  Las empresas La Carlota Sugar Central, YCO paint factory, y Destilería Tanduay fueron establecidas por Ynchausti y Compañía.



Antonio M. de Ynchausti


El patriarca de la familia Aboitiz, fue un marinero vasco y llegó a Filipinas en 1870.
Paulino Aboitiz junto con otro vasco, José Martegui,  constituyeron la empresa “Muertegui y Aboitiz Compañía” en Cebu.  Hoy, la Compañía “Aboitiz and Company” está involucrada principalmente en el la industria del transporte maritimo y la industria eléctrica.



Jon Ramon, Enrique, 
y Erramon Aboitiz



Joaquín Marcelino Elizalde e Irrisarri  nacio en 1833 en Elizondo y emigró a Filipinas cuando tenía trece años. En 1940, su nieto Manolo fundó el primer estación de radio, KZRH (luego llamado DZRH), de lo que después fue el núcleo de la Manila Broadcasting Company. En 1971 Jose Manuel Elizalde Jr, un ministro del Presidente Marcos, localizó en las isla de Mindanao una tribu prehistórica: los Tasadays.



Fred Elizalde con su esposa Lisa Macuja y sus hijos. 



¿Quién no conoce la familia Ayala? El apellido se asocia muy ampliamente a la imagen de una familia muy rica. Antonio Ayala, el patriarca de la familia, nació en 1804 en Hueto Abajo. Fue llevado por su tío Monsignor José Segui a Manila. La familia ha desarrollado sus propriedades en el pantanal de Makati en un distrito financiero central.  La Corporación Ayala es el conglomerado más antiguo y más grande del país y centra sus actividades en diversos campos como el inmobiliario, la banca, las telecomunicaciones, el suministro de agua y la tecnología de la información.



Jaime Augusto y Fernando Zobel de Ayala


Otras familias vascas famosas en Filipinas son Aldecoas, Garchitorenas, Isasis, Mondragons, Ormaecheas, Urrutias, Zuluagas, y Zubiris.


Para muchos vascos su lengua es parte de su alma, sin embargo muchas de estas familias vascas en Filipinas no mantuvieron sus señas de identidad.

En 1892, Quiopquiap1 escribió versos en castellano preguntando “¿Hay Bascongados en Filipinas?” 


¿Cómo no vivir y prosperar en Filipinas, el pueblo que más que los demás de la nación, tan maravillosamente se presta á la adaptación en las tierras nuevas del planeta?

¡Bascongados en Filipinas! En todos los órdenes, todas las categorias, todos las actividades y por todos los rincones de aquella constelación de islas.

                                                   — o —O —o —

1. Quioquiap era el seudónimo del periodista español Pablo Feced (1834 -1900). Vivió en la provincia de Camarines Sur desde 1884 hasta 1888.  Fue un adversario a José Rizal y la colonia filipina en Madrid. 

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¿HAY BASCONGADOS EN FILIPINAS?

¿Pues no ha de haberlos? contestaba yo con viveza el otro dia á un hijo de esa tierra que me hacia tal pregunta.
¿Cómo no extenderse hasta aquellas regiones espléndidas, la raza que más quizás que otra alguna representa el movimiento de expansión de nuestra patria?
¿Cómo no vivir y prosperar en Filipinas, el pueblo que más que los demás de la nación, tan maravillosamente se presta á la adaptación en las tierras nuevas del planeta?
¿Ni cómo los hijos de la Euskaria no seguir en su dispersión por el globo entero la luminosa estrella de las naves del inmortal Elcano? ¿Cómo no tomar posesión los hermanos de Legazpi de aquel imperio maravilloso creado para España por el genio del guipuzcoano sin igual?
¡Bascongados en Filipinas! En todos los órdenes, todas las categorias, todos las actividades y por todos los rincones de aquella constelación de islas.
El mar, sobre todo, aquel mar gigantesco dormido habitualmente entre aquellas costas encantadas habla casi bascuence.
No pregunteis al distinguir desde cualquier camino en la isla más remota una nave que avanza por la azulada llanura cómo se llama su armador, cómo el capitán que la gobierna, cómo los pilotos y demás oficiales.
Un bascongado solo tiene allí para la navegación interinsular toda una escuadra de magníficos vapores y todo un ejército de compatriotas al servicio de sus naves.
¿Y la tierra? ¿Aquellas mil y trescientas islas sembradas en tres-
cientos mil kilómetros de mar?
Recuerdo un dia en que iba yo perdido por el Sur de Luzón, caballero en ruin caballejo del país, sin mas compañía que un cuadrille- ro indio y por camino laberinto oscuro de interminable selva.
Ya el cansancio postraba mi cuerpo y el pánico de aquellas augus- tas soledades mi alma, cuando de repente al trasponer una colina un claro, á un lado una casita de troncos, hojas de palma y en una ven- tana baja..... una boina al sol.
¡Boina bendita signo de mi redención y término de mis fatigas, angustias y tribulaciones! ¡Con qué júbilo te saludé y con qué decisión eché el caballejo al trote!
¡Arratsaldeon! grité á la puerta.
¡Arratsaldeon! contestaron de dentro, y dos jóvenes de rostro ovalado, cabello castaño y boina en la cabeza salieron á mi encuentro.
Otro dia viajaba en canoa antidiluviana por uno de aquellos mil rios que las altas, enmarañadas y oscurísimas selvas sueltan de su seno tenebroso para deslizarse hasta el mar por canales profundos, cubiertos de bambúes gigantescos remedando túneles de verdura.
Y tras de largas horas de canoa lenta é indios bogadores, en un recodo y otro claro una casita de tablas con tejado de zinc.—«Señor, me dice entonces el indio piloto; casa de castilla Azcone». No necesité más, tosí, me puse de pié y solté un Gernikako arbola que retumbó en aquellas soledades.
Y otra vez el milagro de mi salvación. Cuatro bascongados y una bascongada salieron precipitadamente, diciéndome en bascuence Dios sabe cuántas cosas, que yo no entendia, porque nunca fui aventajado en la lengua ininteligible é inaprendible; pero si no entendia aquel coro de salutación, comprendía que era cariño, afecto, hospitalidad y.... hasta sagardúa poco después, en grande y espumante copa.
¡Qué rica es la sagardúa después de un dia de canoa, bajo los ra- yos de fuego de aquel sol horno de los trópicos!
Otro día pasaba en rural carricoche por medio de granada pobla- ción de chozas, casi, según la estadística, un San Sebastian oceánico, cuando de dentro de un almacén de abacá, de recios muros de piedra, escuché grande algazara y tal ó cual grito que á bascuence me sonaba.
Me apeé, entré y me encontré con una cuadrilla de pelotaris, dis- putándose empeñado partido, entre aquellos Chiquitos, Mancos y Tandileros.
Y fui incontinenti nombrado juez, y el premio de mis justicias fué una rica y abundante cazuela de bacalao á la bizcaina comido en co- mún con gran algazara y cordialidad.
¡Cariñoso y hospitalario Aramburu, cuántas horas placenteras pasé en aquel palacio de tablas y techumbre de hierro galvanizado, con aquel escuadrón bullicioso de docena y media de hijos!
¡Pobre Olaizola! Cuántas veces en nuestras largas conversaciones paseamos juntos en pensamiento por las calles y paseos de tu tan querida Iruchulo, hasta dias antes de tu sacrificio y muerte horrible á manos de los salvajes de Mindoro.
Yo no os diré que vayais á Filipinas, hijos del noble solar; pero si alguno os decidís á tan tremendo viaje, llevaos la boina y la cesta, el bascuence y la sagardúa.

Pablo Feced
QUIOQUIAP
Madrid
11 de Julio de 1892