Monday, June 27, 2016

Los Vascos en Filipinas

¡Zuzuarregui!:  Así le decíamos.  La calle estaba ubicada en la ciudad de Quezon. Es una calle estrecha, mugrienta, repletas de casas viejas y gente pobre.  Pero para evitar el tráfico monstruo, me gustaba pasar por ahí en el camino a la casa de mis padres en Ayala  Heights. "¿Su-su-wa-ray-gi?El chofer pronunció incómodo el nombre raro como si las sílabas estuvieran hecha de vidrios rotos y lastimaran sus labios.  Nos reímos y reímos como los tontos éramos.

Poco sabían mis amigos que el nombre Zuzuarregui era vasco. El apellido Ayala era también vasco. En la escuela, nunca nos dijeron ni una sola palabra acerca del idioma vasco. Ni siquiera una sola lección acerca del país vasco, quizá bajo la premisa equivocada de que todos los españoles son “kastilas”.

Años mas tarde me encontré una señora, descendiente de una familia española filipina, pero hoy es residente en California. Su familia vivía aquí, pero después de la guerra mundial su padre decidió emigrar a los Estados Unidos. La señora era mujer muy orgullosa, que sabía mucho de historia y cuáles eran “las familias buenas”. Pero de lo que más se enorgullecía era de sus raíces vascas.   El mes pasado,  ella me regaló un libro muy interesante “Basques in the Philippines” de Marciano R. de Borja.


Le estoy muy agradecido a la Señora por el maravilloso libro
"Basques in the Philippines" que me mandó.


La presencia vasca en las Filipinas era una constante desde las primeras expediciones conquistadoras a las islas. En 1519 Juan Sebastían Elcano de Getaria, Gipuzcoa se unió a la tripulación de la expedición de Fernando de Magallanes. Ellos fueron los primeros europeos que llegaron a las Filipinas en 1521. Los sobrevivientes de la expedición, incluyendo cuatro vascos (Elcano, Juan de Acurio, Juan de Arraita y Juan de Zubileta) hicieron la primera vuelta al mundo.



Monumento a Legazpi
y a Urdaneta en Manila

Miguel López de Legazpi, conquistador de las islas filipinas y fundador de Manila, nació en 1503 en el pueblo de Zumárraga. En 1569 Felipe II nombró a Legazpi el primer gobernador y capitán general. 

El guipuzcoano padre Andrés de Urdaneta (1498 -1568) participó en la expedición de Legazpi como asesor, y en 1565 ordenó la construcción de la Basilica del Santo Niño en Cebu. Descubrió la  ruta de regreso de Manila a Acapulco a través del océano Pacífico, conocida como el tornaviaje. La Ruta de Urdaneta ofrecía una conexión económica y cultural con la Nueva España y iniciando la  gloria del Galeón de Manila.

Varios gobernadores posteriores eran vascos como Guido de Lavezaris (1499-1581), Luis Lardizábal y Montoya (1783-1841), Simon de Anda (1709 -1776), José Basco y Vargas (1733-1785), Narcíso Clavería (1795 -1851), Antonio de Urbiztondo (1794 -1866).

— En 1574 las tropas de Lavezaris derrotaron a los chinos bajo mando del pirata chino Limahon, que intentó invadir Manila. Desafortunadamente,  el comandante vasco Martin de Goiti, quien derroto a los moros del Rajah Sulaiman en Manila, fue asesinado por los piratas.


Monumento a Simón de Anda
 en Manila
— Anda organizó la resistencia contra las tropas invasoras británicas durante la ocupación de Manila (1762 – 1764).

— Basco, nacido en Malaga de padres vascos, organizó en 1781 la Sociedad Económica de  los Amigos del País para el fomento de las actividades en  la colonia, siguiendo el modelo de la asociación vasca Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Fue el responsable de la puesta en marcha del monopolio del tabaco. En 1782, conquistó el archipiélago de las Islas Batanes. Hasta hoy en día,  la capital  de la provincia de Batanes lleva su nombre en su honor.

— En 1839 Lardizábal estableció la provincia de Nueva Vizcaya , nombre que le puso en recuerdo de su tierra.

— Clavería, nació en Girona pero creció en Bizkaia, publico un decreto en 1849 que la  población filipino adoptas apellidos españoles. Conquistó parte de la costa occidental de Mindanao y  anexó el extenso territorio de Davao conquistado por el otro vasco José Oyanguren. Después de ser oficialmente asimilado como provincia pasó a denominarse Nueva Guipúzcoa (luego el nombre fue cambiado a Davao).

— Urbiztondo era conocido por la conquista e incorporación definitiva a la soberanía española del archipiélago de Joló. En 1851 fundo el primer banco en el archipiélago “Banco Español Filipino de Isabel II”, ahora conocido como “Bank of the Philippine Islands”.




El primer obispo de Manila, Domingo de Salazar (1512-1594) era un vasco.


Domingo de Salazar

Marcelo Azcárraga Palmero (1932-1915) fue el único presidente español que nació en Manila. Su madre era una mestiza filipina de Albay y su padre era natural de Bizkaia (Vizcaya).


Marcelo Azcárraga


El heroe nacional José Rizal rindió homenaje a la presencia ubicua de los vascos en las islas en sus libros “Noli Me Tangere” y “El Filibusterismo.” El protagonista de los libros, Crisóstomo Ibarra (Simoun) es la cuarta generación de vascofilipino. Como se ha dicho al final del Capítulo 54, su bisabuelo era un vasco.

            — ¿Conoció vuestra familia a D. Pedro Eibarramendía?
            — ¡Ya lo creo! –contestó Ibarra abriendo un cajón y sacando un montón de papel - ¡Era mi bisabuelo!
            — ¿Vuestro bisabuelo, D. Pedro Eibarramendía? – vuelve a preguntar Elías, lívido y las facciones alteradas.
            — Sí – contesta Ibarra distraído, acortamos el apellido que era largo.
            — ¿Era vascongado? – repitió Elías acercándosele.
            — Vascongado, pero ¿qué tenéis? – pregunta sorprendido.



Desde el siglo XVIII, la emigración vasca ha contribuido enormemente al crecimiento económico en la lejana colonia española de Filipinas. Familias vascas como los Ynchausti, Aboitiz, Ayala, Elizalde, se instalaron en el país, fundando las principales compañias filipinas. Siguen siendo las familias más ricas de Filipinas hoy en día.


Puente Colgante

Antes de la segunda guerra mundial, la familia Ynchausti era la familia vasca más importante del país. El comercio y la navegación han sido sus principales industrias y la campañía tenía ramas  en Hong Kong, Shanghai, San Francisco y New York. En 1848 José Joaquín Ynchausti financió la construcción del primer puente colgante de acero en Asia.  El puente  de peaje sobre el río Pasig conectó Ermita con Quiapo.  Las empresas La Carlota Sugar Central, YCO paint factory, y Destilería Tanduay fueron establecidas por Ynchausti y Compañía.



Antonio M. de Ynchausti


El patriarca de la familia Aboitiz, fue un marinero vasco y llegó a Filipinas en 1870.
Paulino Aboitiz junto con otro vasco, José Martegui,  constituyeron la empresa “Muertegui y Aboitiz Compañía” en Cebu.  Hoy, la Compañía “Aboitiz and Company” está involucrada principalmente en el la industria del transporte maritimo y la industria eléctrica.



Jon Ramon, Enrique, 
y Erramon Aboitiz



Joaquín Marcelino Elizalde e Irrisarri  nacio en 1833 en Elizondo y emigró a Filipinas cuando tenía trece años. En 1940, su nieto Manolo fundó el primer estación de radio, KZRH (luego llamado DZRH), de lo que después fue el núcleo de la Manila Broadcasting Company. En 1971 Jose Manuel Elizalde Jr, un ministro del Presidente Marcos, localizó en las isla de Mindanao una tribu prehistórica: los Tasadays.



Fred Elizalde con su esposa Lisa Macuja y sus hijos. 



¿Quién no conoce la familia Ayala? El apellido se asocia muy ampliamente a la imagen de una familia muy rica. Antonio Ayala, el patriarca de la familia, nació en 1804 en Hueto Abajo. Fue llevado por su tío Monsignor José Segui a Manila. La familia ha desarrollado sus propriedades en el pantanal de Makati en un distrito financiero central.  La Corporación Ayala es el conglomerado más antiguo y más grande del país y centra sus actividades en diversos campos como el inmobiliario, la banca, las telecomunicaciones, el suministro de agua y la tecnología de la información.



Jaime Augusto y Fernando Zobel de Ayala


Otras familias vascas famosas en Filipinas son Aldecoas, Garchitorenas, Isasis, Mondragons, Ormaecheas, Urrutias, Zuluagas, y Zubiris.


Para muchos vascos su lengua es parte de su alma, sin embargo muchas de estas familias vascas en Filipinas no mantuvieron sus señas de identidad.

En 1892, Quiopquiap1 escribió versos en castellano preguntando “¿Hay Bascongados en Filipinas?” 


¿Cómo no vivir y prosperar en Filipinas, el pueblo que más que los demás de la nación, tan maravillosamente se presta á la adaptación en las tierras nuevas del planeta?

¡Bascongados en Filipinas! En todos los órdenes, todas las categorias, todos las actividades y por todos los rincones de aquella constelación de islas.

                                                   — o —O —o —

1. Quioquiap era el seudónimo del periodista español Pablo Feced (1834 -1900). Vivió en la provincia de Camarines Sur desde 1884 hasta 1888.  Fue un adversario a José Rizal y la colonia filipina en Madrid. 

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¿HAY BASCONGADOS EN FILIPINAS?

¿Pues no ha de haberlos? contestaba yo con viveza el otro dia á un hijo de esa tierra que me hacia tal pregunta.
¿Cómo no extenderse hasta aquellas regiones espléndidas, la raza que más quizás que otra alguna representa el movimiento de expansión de nuestra patria?
¿Cómo no vivir y prosperar en Filipinas, el pueblo que más que los demás de la nación, tan maravillosamente se presta á la adaptación en las tierras nuevas del planeta?
¿Ni cómo los hijos de la Euskaria no seguir en su dispersión por el globo entero la luminosa estrella de las naves del inmortal Elcano? ¿Cómo no tomar posesión los hermanos de Legazpi de aquel imperio maravilloso creado para España por el genio del guipuzcoano sin igual?
¡Bascongados en Filipinas! En todos los órdenes, todas las categorias, todos las actividades y por todos los rincones de aquella constelación de islas.
El mar, sobre todo, aquel mar gigantesco dormido habitualmente entre aquellas costas encantadas habla casi bascuence.
No pregunteis al distinguir desde cualquier camino en la isla más remota una nave que avanza por la azulada llanura cómo se llama su armador, cómo el capitán que la gobierna, cómo los pilotos y demás oficiales.
Un bascongado solo tiene allí para la navegación interinsular toda una escuadra de magníficos vapores y todo un ejército de compatriotas al servicio de sus naves.
¿Y la tierra? ¿Aquellas mil y trescientas islas sembradas en tres-
cientos mil kilómetros de mar?
Recuerdo un dia en que iba yo perdido por el Sur de Luzón, caballero en ruin caballejo del país, sin mas compañía que un cuadrille- ro indio y por camino laberinto oscuro de interminable selva.
Ya el cansancio postraba mi cuerpo y el pánico de aquellas augus- tas soledades mi alma, cuando de repente al trasponer una colina un claro, á un lado una casita de troncos, hojas de palma y en una ven- tana baja..... una boina al sol.
¡Boina bendita signo de mi redención y término de mis fatigas, angustias y tribulaciones! ¡Con qué júbilo te saludé y con qué decisión eché el caballejo al trote!
¡Arratsaldeon! grité á la puerta.
¡Arratsaldeon! contestaron de dentro, y dos jóvenes de rostro ovalado, cabello castaño y boina en la cabeza salieron á mi encuentro.
Otro dia viajaba en canoa antidiluviana por uno de aquellos mil rios que las altas, enmarañadas y oscurísimas selvas sueltan de su seno tenebroso para deslizarse hasta el mar por canales profundos, cubiertos de bambúes gigantescos remedando túneles de verdura.
Y tras de largas horas de canoa lenta é indios bogadores, en un recodo y otro claro una casita de tablas con tejado de zinc.—«Señor, me dice entonces el indio piloto; casa de castilla Azcone». No necesité más, tosí, me puse de pié y solté un Gernikako arbola que retumbó en aquellas soledades.
Y otra vez el milagro de mi salvación. Cuatro bascongados y una bascongada salieron precipitadamente, diciéndome en bascuence Dios sabe cuántas cosas, que yo no entendia, porque nunca fui aventajado en la lengua ininteligible é inaprendible; pero si no entendia aquel coro de salutación, comprendía que era cariño, afecto, hospitalidad y.... hasta sagardúa poco después, en grande y espumante copa.
¡Qué rica es la sagardúa después de un dia de canoa, bajo los ra- yos de fuego de aquel sol horno de los trópicos!
Otro día pasaba en rural carricoche por medio de granada pobla- ción de chozas, casi, según la estadística, un San Sebastian oceánico, cuando de dentro de un almacén de abacá, de recios muros de piedra, escuché grande algazara y tal ó cual grito que á bascuence me sonaba.
Me apeé, entré y me encontré con una cuadrilla de pelotaris, dis- putándose empeñado partido, entre aquellos Chiquitos, Mancos y Tandileros.
Y fui incontinenti nombrado juez, y el premio de mis justicias fué una rica y abundante cazuela de bacalao á la bizcaina comido en co- mún con gran algazara y cordialidad.
¡Cariñoso y hospitalario Aramburu, cuántas horas placenteras pasé en aquel palacio de tablas y techumbre de hierro galvanizado, con aquel escuadrón bullicioso de docena y media de hijos!
¡Pobre Olaizola! Cuántas veces en nuestras largas conversaciones paseamos juntos en pensamiento por las calles y paseos de tu tan querida Iruchulo, hasta dias antes de tu sacrificio y muerte horrible á manos de los salvajes de Mindoro.
Yo no os diré que vayais á Filipinas, hijos del noble solar; pero si alguno os decidís á tan tremendo viaje, llevaos la boina y la cesta, el bascuence y la sagardúa.

Pablo Feced
QUIOQUIAP
Madrid
11 de Julio de 1892

Saturday, May 7, 2016

Ya Soy Casi Honorable (1931)

Tanto para los filipinos que viven en su país, como para los que residen en el extranjero, el 9 de mayo es un día especial para elegir el Presidente de la República.

A lo largo de la historia filipina, la campaña electoral han generado controversia.
Los candidatos se acusan entre ellos de comprar sufragios y usar sucias artimañas políticas. Puras mentiras de principio a fin. Todos se proclaman ganadores y ninguno acepta su derrota con gracia. Como dicen aquí, no hay perdedores, sino solo tramposos.


Este cuento publicado en 1931 trata de la disputa entre ex amigas y la campaña electoral de sus maridos.  El título nos dice qué clase de políticos hay en nuestro país. Desafortunadamente, no sabemos casi nada acerca del autor.

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    Anoche los añonuevistas tuvieron un mitin de avance en la plaza con su consabida banda de música, sus tabacos y refrescos. Sabía yo que lloverían “ramilletes” a granel para Juan.  Juanito, nuestro primogénito estaba enfermo y decidí quedarme en casa. desde mi aposento podía oír los aplausos, los gritos y risotadas. —¿Qué será? — me preguntaba por centésima vez a mi misma cuando llegó Juan jadeante, casi corriendo.
    —¡Elisa está dirigiendo la palabra al publico! Nos llaman pordioseros, aventureros, ingratos… Si el público sigue con ese entusiasmo que de muestra hoy, tenemos que declararnos derrotados…
    —Espera, voy contigo.
    —Los espectadores abrieron paso. Elisa estaba en el apogeo de su discurso.
    —Ahí tenéis al que aspira —ponerse al frente de nuestro gobierno provincial. ¿Qué ha hecho por el pueblo? Electorado de Sta. Cruz; ¿Preferiréis a un aventurero, a un advenedizo? ¿Elevaréis al gobierno de la provincia a un hombre que no ha dado ninguna prueba de capacidad más que la de ser un mal amigo y un traidor?
    —¡Tú sabes que no dices la verdad, embustera! —chillé a pleno pulmón —¡Déjame hablar y cantaré verdades!
    —¡Qué hable Mrs. Victorioso! ¡Qué hable!
    Para el público, ávido de sensaciones, aquel espectáculo gratis era sin precedentes. Para mí, una escena repugnante que me llenaba de nauseas. La lucha electoral se había convertido en una riña vulgar de comadres.
    —¡Mabuhay si Mrs. Victorioso! Mabuhay si Mrs. Añonuevo! ¡Qué hable Mrs. Victorioso!
    Con los ojos llameantes y el pecho palpitante subí a la tribuna:
    —¡Pueblo de Sta. Cruz! Pueblo valeros e inteligente!  ¿Os dejaréis engañar tan fácilmente por una voz insinuante, por palabras almibaradas y viles calumnias. ¿Os declaráis esclavos de las zalamerías vulgares de una muñeca de carne? ¡Abrid los ojos, veréis que por seis años habéis sido el hazmerreír de las provincias vecinas y la pesadilla de la constabularia! ¿En que letargo os han sumido los halagos, que hasta hoy no os habéis entregado vuestro honor y vuestra reputación en manos de personas sin escrúpulos que se alimentan de vuestras flaquezas y os arruinan desvergonzadamente? ¿Os han cegado tan completamente que no veis a vuestra querida provincia sumida en la miseria y deshonor? ¿Qué es lo que oculta de vuestros ojos los centros de vicio de vuestra provincia, verdaderas madrigueras oficiales de opiómanos, jugadores y estafadores. ¿Qué hace vuestro gobernador? En vez de vindicar a la provincia que le ha elegido dos veces, se sienta complacientemente con su sonrisa a flor de labio… ¿Qué enigma encierra en su sonrisa? Hoy mismo os daré la clave de… —no pude continuar.
    —¡Es una calumnia! ¡Vengan las pruebas! —vociferaban los Añonuevistas.
    —¿Las pruebas? Vuestra “honorable gobernadora” os las dará — volví bruscamente la cara hacía donde estaba Elisa. Pálida, con los labios temblorosos, sus ojos lacrimosos imploraban compasión. Aquellos ojos suplicantes me desarmaron. —¡Ciudadanos de Sta. Cruz! Vuestra gobernadora no se siente bien, pero os dará las pruebas en el próximo mitin — concluí socarronamente.
    Y hoy… Pues hoy ya es casi nuestra la victoria. Mis insinuaciones de anoche se esparcirán como un relámpago por toda la provincia. Buscarán pruebas y las encontrarán. ¡Cualquier trama es leal y legal en el campo del amor y la política!


Josefa D. Diaz
Philippine Free Press. Manila
30 de Mayo de 1931





Monday, February 29, 2016

Los Logros del Hispanismo Filipino (1954)

Debemos muchos de los datos acerca del idioma chabacano a un filólogo especialista en las lenguas criollas, Keith Whinnom. Durante su periodo, eran muy pocos académicos que se preocupaban por la situación del chabacano. En su trabajo pionero “Spanish Contact Vernaculars in the Philippine Islands”, el Profesor Whinnom analizó tres dialectos del español en las Filipinas: el ermitaño, el caviteño y el zamboangueño. Este estudio de 1956 había reunido toda la información disponible en aquel momento sobre el origen de dichas lenguas.

Cuál fue mi sorpresa al descubrir que el Sr. Whinnom no estaba a favor del mantenimiento del castellano en las filipinas. Según él, el español es  un idioma perturbador y no tiene futuro en las islas. Predijo también que el idioma desaparecerá por sí solo con el tiempo.


Este 2016 tiene un día extra, el 29 de febrero es un día que solo se presenta cada cuatro años. En este momento infrecuente, este blog en español hizo una excepción en el artículo en inglés por el profesor Whinnom.



El profesor Keith Whinnom, catedrático de la Universidad de Exeter,
 fue nombrado Miembro de honor de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval. 


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The Achievements of Modern Filipino Hispanism

     The most notable, if still rather ineffectual, achievements of the Filipino hispanists in their losing battle to re-establish Spanish have been the Sotto and the Magalona Laws.

    The gestures to retain Spanish in the Philippines date back even earlier than the first deliberations of the Constitutional Assembly set up by the Tydings-MacDuffie act of 1934, but there is no need to look into what happened before that date for no effective measure to propagate Spanish was ever introduced, even though, in 1935, it was admitted as one of the official languages alongside English and an unnamed native tongue.

     After the war Spanish obtained greater recognition by the passing of the Sotto Law, which decreed that it should be a compulsory subject in all schools; but in June 1949, a restrictive interpretation was placed on the decree, which had never been implemented, by a Circular from the Director of Education which said, in effect, that the schools that wanted to teach Spanish might do so, but that the students should only take it as an optional subject.

    In April 1951, the Ministry of Education ordered an investigation into the Circular, of which nothing more was heard; and in December 1951 the Federation of Teachers of Spanish passed a resolution that the Sotto Law might obtain in its full original form and intention, but the whole matter was again forgotten.

    The latest move in the game has been the Magalona Law. On May 21st, 1952, senators Magalona, Fecson, Abada, Briones, Tirona and Angeles David backed a bill to make Spanish compulsory in public and private schools and universities as from the beginning of the school year in the autumn of 1952. The bill is now law and was hailed in Spain and South America a revolutionary measure which guaranteed that in a few years all Filipino students would speak correct Spanish.

    The law, however, as the Senate knew very well when it passed it, did not and could not have come into force in 1952. It was a gesture.

    Since then there have been further developments. A five year plan for implementing the law has been … planned. But the circumstances surrounding its geniture were not, possibly, of the most auspicious: Alberto Martín Artajo, Spanish Foreign Minister, together with Alfredo Sánchez Bella, Director of the Institute of Hispanic Culture, were being wined and dined by Philippine Senators who had been made honorary members of the Institute, when, in the course of the after-dinner speeches, two projects were put forward: one, the suggestion of Sánchez Bella, was that the Filipinos should build some place in which to house a Spanish library, books, films, etc., which he undertook to send from Spain; the other, the suggestion of Senator Paredes, was that Spain should send fifty teachers, to train Filipinos to teach Spanish, and that the Philippines should send a corresponding number of students to Madrid to learn Spanish.

    It is obvious that even were this plan put into effect, the establishment of the cultural centre would not be likely to have any considerable effect on people’s learning Spanish. And even allowing that fifty Filipinos should be trained every year in Madrid to teach Spanish, and that the fifty Spanish teachers in Manila could turn out 1,000 Filipino teachers, a total of 1,250 in five years, this figure, in comparison with the figure of teachers required —not employed—given by the UNESCO report, of 98,000 is almost infinitesimal.

     At this rate the Magalona Law cannot be fully implemented in five, fifty or five hundred years. The teaching of Spanish in the Philippines would still compare unfavourably with the teaching of French in England.

    How, then, did this bill pass the Senate? The answer is that the Filipino hispanists are all in responsible positions, as teachers, journalist, and politicians. The hispanists belong almost exclusively to the upper class of Manila; the Spanish Club is the most exclusive club in the capital; society news is the mainstay of the Voz de Manila. But while this minority may have the influence sufficient to get the Magalona Law past the Senate with the Senate knowing full well that it could never be more than a gesture, it does not have the power to secure any more concrete actions.



Mi copia de la revista dominical de la Voz de Manila (2 de Noviembre de 1947)


     The Spanish-speakers are a minority in the Philippines. But they are not the only minority, and not even the most influential minority. There are no less than four very considerable foreign elements at work in the Philippines: the Japanese, the Chinese, the Americans . . . and the Spaniards.

     It is curious to see how these minorities regarded each other. The Chinese suffered in silence. The Americans did their best to ensure fair treatment for the Chinese and the Japanese, and made Spanish an official language. The Japanese launched fierce attacks on everything American. And the hispanists attacked the Japanese, attacked the Chinese, and attacked the Americans.

    The hispanists are, however, as foreign a minority as any of the others. A daring speech by Senator Claro M. Recto attempted to deal with the many accusations leveled against the hispanists, among them one of the most insidious: that the aim of the Filipino hispanists is to reproduce the Franco regime in the Philippines. But his answer, which contains all the arguments with which we are by now familiar, is scarcely convincing: the history of the Philippines is Spanish, Rizal wrote in Spanish, the deliberations which produced the Constitution of Malolos were in Spanish, the Philippines is a Catholic country thanks to Spanish priests, Franco was first to perceive the menace of communism while the ‘so called democracies’ were flirting with Stalin, etc. etc.

    But these desperate attempts to persuade a Malay people who speak Malay languages and English that they are really Spanish at heart — In every Filipino there breathes a Spanish soul— and that the upper class Spanish speaking Manileños are their true representatives are becoming less and less successful.

     The most vital problem facing the Philippines today is the creation and preservation of a national identity. The Philippines, like some other countries of South east Asia, is not a natural unit. The multi-focal structure is a disruptive force which could wreck the new republic; and, paradoxically, the multiplicity of unifying elements is an embarrassment.  The most powerful  factors in determining the solidity of any national or nationalistic feeling — a common language and a common history— are lacking: there are too many ‘common languages’, and neither English,  Spanish nor tagalog can ever, it seems, obtain complete supremacy. Their common history has been unification by outside force, by invasion and occupation by Spaniard, American, and Japanese, and diverse loyalties to each of these tree still divide the nation. One section looks to America and the Western democracies; another looks to Spain and South American Peronist d; another looks to Asia.

    But, behind these divergent trends and discordant voices, the native is beginning to make himself heard. Tagalog writers, educationalists, scholars, and politicians are making their appearance in growing numbers. they are militant, often unrealistic, intolerant, even fanatical. But they are the truest eco of the so far unheard vox populi.

    The situation in the Philippines is unhappy. But if the Filipinos can achieve bilingualism in Tagalog and English—and bilingualism is not an impractical solution in a country where it is commonplace—the graver the national problem of achieving identity and nationhood may yet be solved. The solution is linguistic. That being so, Spanish has no future whatsoever; for, if this disruptive element is not eliminated along with all the others, Spanish will disappear together with the Republic of the Philippines.


Keith Whinnom
Spanish in the Philippines.
Journal of Oriental Studies
January 1954
 

Sunday, January 3, 2016

¿Inglés o Castellano? (1916)




Hace cien años, en enero de 1916, se publicó la revista “The Philippine Review” . El primer número discutió la cuestión de la lengua — ¿inglés o castellano? En su artículo Nuestro Saludo al Mundo podemos vislumbrar los deseos de los editores cuando el país cambió durante las dos primeras décadas del dominio norteamericano:

A América
    En América saludamos al Pueblo amigo, en el que tenemos puesta nuestra esperanza.
    Confiamos en su firme apoyo  a la causa de la humanidad.
    Confiamos en que estará siempre al lado de Filipinas.

A España
    Hidalga Nación, te saludamos.
    Filipinas, que, hasta tan sólo dos décadas escasa, formaba parte de tu reino como provincia propia, como hermana, hermana tuya verdadera, conserva de ti gratísimos recuerdos.
    Tu idioma – nuestra más preciada herencia – perdura aquí. En él seguimos formulando nuestra fe. Con él aún se expansionan nuestras almas y cortejan nuestros corazones.

La lengua española no perdura. 
Qué equivocados que estaban. 

Fue el principio del fin del castellano en nuestro país, porque posteriores estudiantes no pudieron hablarlo. Había ya dos millones angloparlantes  solamente 15 años después de la enseñanza del inglés en las escuelas públicas.  En mi opinión se había pasado el Rubicón,  cuando todas las escuelas tradicionales de castellano — como Ateneo y Santo Tomas — utilizaban el inglés como vehículo de instrucción en la educación primaria. Luego la enseñaza obligatoria del tagalo en los años cuarentas era el último clavo en el ataúd del español.


Sé que es algo mucho mas complicado, pero cualquiera que lo vea desde afuera, habría llegado a la misma conclusión:

Cuando el castellano dejó de ser enseñada en las escuelas primarias y secundarias, el idioma lentamente desapareció del uso general debido a que la nueva generación de los estudiantes no lo hablaba.


Cien años después de la publicación de la revista, este optimismo acerca  del “nuestra más preciada herencia” parece haber prácticamente desaparecido.


Tengo una copia del libro de texto “A History of the Philippines”,  publicado por el Ateneo de Manila en 1912. En esta década, libros escolares bilingües habían comenzado a reemplazar libros en español.


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    Un común idioma es el lazo fuerte que, entre los hombres, aun de diferentes razas, genera sentimientos de fraternidad y simpatía.
     De cabeza a cabeza, de corazón a corazón, es como ese lazo hace que sea posible una completa inteligencia o una perfecta solidaridad.
    Por algunos se ha venido, hasta hace poco, persiguiendo un ideal: la mutua comprensión entre todos los hombres mediante un lenguaje artificial común.
    Pero, como no tenía su fundamento en la realidad, el ideal no ha pasado de ser ideal.
    Y más valía así.
    Cada raza, cada pueblo debe tener, conservar y cultivar su propio idioma, como algo inalienable e indispensable para sus íntimas sensaciones inexpresables en extraño lenguaje.
    Pero esto no debe transcender a exclusivismo.
    Ello nos reduciría a un círculo de acción muy estrecho dentro del cual no podríamos subsistir.
    Solos no podríamos vivir, pues hay una interdependencia inquebrantable entre todos los pueblos del mundo, que obliga a una mutua inteligencia, por medio de las mutuas relaciones.
    Para esto nada mejor que su idioma, a falta de uno propio que ofrecerles por nuestra parte.
    Y esto importa a nuestro pueblo; nuestro lenguaje, dulcísimo, en verdad, como nuestro, por desgracia no se ha cultivado todavía lo suficiente para uso general en todo el País.
    Y no por culpa nuestra.
    Por esto nos vemos precisados a optar por el más extendido por todo el mundo y más familiar para nosotros.
    Por fortuna —no pequeña seguramente—en esto hemos pasado ya del período experimental, y ,al presente, poseemos dos idiomas: el inglés y el castellano.
    El primero, de apenas quince años de difusión, es nuestro lenguaje oficial, y el exclusivo, además, en nuestras escuelas públicas, y ya se emplea, aunque secundariamente, en nuestra prensa y se habla por tal vez unos dos millones de jóvenes filipinos de entre los cuales procederán los que han de regir mañana los destinos de la Nación; y el segundo, traído hace muy cerca de cuatro siglos, es, principalmente, el lenguaje de casi todos nuestros periódicos y revistas, y de los leaders de la presente generación, y se cultiva con más intensidad aún que ayer por nuestros hombres.
    Ya no es posible, ni siquiera conveniente, suprimir el uno o el otro, pues además de los muchísimos millones de pesos y energías del Pueblo ya gastados, ambos están ya tan arraigados, que parecen haber ganado carta de naturaleza en nuestro país.
    Así nos es fácil hoy comunicarnos con dos inmensos mundos: el mundo inglés y el mundo hispano, integrados, el primero por dos potentes naciones que suman unos ciento cincuenta millones de almas, con exclusión de la India; y el segundo por veintitrés  países de unos ciento quince millones de habitantes.
    Además, en el Oriente y en África se habla o se comprende el Inglés, y lo mismo pasa en toda Europa.
    Y ambos idiomas que cuentan ya con riquísima literatura que es ahora casi nuestra exclusiva fuente de información cultural, facilitarían, sin duda, la armónica inteligencia de tantos y tan cultos pueblos en una modo de confederación o de Pan Américo-Anglo-Hispanismo, si cabe, mediante una labor sincera, intensa y conjunta de los Poderes interesados.
    Inglaterra y Estados Unidos son afines en raza e idioma; la América del Norte, la América Central y Sur, hermanas por su suelo e intereses; Sur América, España, Cuba, Porto Rico y Filipinas, una mima integración por el antiguo molde latino de su alma y por su lenguaje. América y Filipinas están unidas también por razones del inglés y otras serias consideraciones. Tan poderosos motivos de relación y afinidad serían, como arriba he dicho, factores de una gran comunión internacional.
    En lo que nos sea posible, trabajaremos por y hacia esa finalidad que creemos hoy factible, mucho más cuando se reajuste la respectiva esfera de acción de las naciones, después de esta tremenda guerra en que se está demostrando el valor coadyuvativo, en determinadas circunstancias, aun de las más insignificantes potencias, y en que el apoyo de un pueblo pequeño es tan solicitado como el de una potencia de primera.
    ¡Tanto cuesta la reivindicación de derechos!
    ¡Siquiera sea eso un lenitivo para tanta sangre y desolación!
    Y es posible que la indicada inteligencia internacional por medio del idioma provoque la nueva división del mundo en dos, o quizás, tres inmensas, lógicas confederaciones, tal vez más o menos antagónicas; pero, antagónicas o no, abrigamos la creciente esperaza de que, en los grupos así formados, al fin habrán de desaparecer las líneas divisorias de raza bajo la poderosa y grata influencia de la democrática hermandad de los pueblos abrigados por el manto de la comunidad de causa e intereses.
    Los pueblos pequeños habrían sido, al fin, reconocidos y reivindicaos.
    Hermoso preludio de la no imposible solidaridad humana en una fecha no muy distante.
   Un siglo, dos siglos, ¿qué son, al fin, sino uno, dos días en la vida de las naciones?
   Por esto, a la pregunta de

                                             ¿INGLÉS O CASTELLANO?

contestamos, con convicción y confianza:

                                                     AMBOS.

    Y respetuosamente lo sometemos a los que, interesados en el fomento del bienestar de la humanidad, se sientan directa o indirectamente afectados, y de corazón dispuestos, no solo a discutir el mejor medio para ello, sino también a prestar su activo concurso.


Gregorio Nieva
The Philippine Review
enero de 1916

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